Todo comenzó en 1998, no en un gran local, sino en una pequeña cocina en el corazón de Monterrey, donde el aroma a pan recién horneado y guisos caseros llenaba el aire. Era la cocina de nuestro abuelo, Miguel, o 'Mike' como le decían sus amigos. Un hombre de gran corazón y un sazón inigualable, que sostenía que el secreto de una buena torta no estaba solo en los ingredientes, sino en la alegría con la que se preparaba. El abuelo Mike pasó años perfeccionando su recetario. No era solo una lista de ingredientes; era un mapa de sabores, un legado familiar escrito a mano en una libreta de cuero que hoy atesoramos. Cada receta cuenta una historia: la de la milanesa que debía ser crujiente por fuera y jugosa por dentro, o la del adobo especial para la pierna de cerdo que se cocinaba a fuego lento durante horas, tal como le enseñó su madre. Lo que empezó como una forma de consentir a la familia en las reuniones de los domingos, pronto se convirtió en un secreto a voces en el barrio. '¡Don Mike, tiene que vender estas tortas!', le decían. Con el apoyo de la abuela y el entusiasmo de toda la familia, abrimos un pequeño puesto en la calle. No teníamos mucho, pero teníamos lo más importante: la receta secreta del abuelo y un deseo inmenso de compartir nuestra pasión. Hoy, más de dos décadas después, 'Tortas Mike' ha crecido, pero nuestra esencia sigue intacta. Cada torta que servimos es un homenaje a ese legado: un compromiso con los ingredientes frescos, la preparación artesanal y ese sabor auténtico que te transporta a un momento feliz, como si estuvieras en casa. Porque más que un restaurante, somos una familia que te abre las puertas de su cocina.